Categoría: Abra palabra mágica

  • La misma piedra

    Tropecé de nuevo con la misma piedra.  Sí, la misma que le enseñó a José Alfredo que su destino era rodar y rodar.  Y que con dinero y sin dinero siempre haría lo que quisiera.  La que le enseño que él seguía siendo El Rey.  Y que su palabra era la ley.  También que no hay que llegar…

  • Ataque suicida al enroque

    A aquella torre del flanco del rey le gustaba convencer a su rey para que enrocara del otro lado y así poder lanzar a los peones en un ataque suicida a la bayoneta contra el rey enemigo que se había enrocado en ese flanco. De esa forma podía luego entrar la dama, los alfiles, caballos…

  • Aquí y ahora

    Aquí y ahora puedes decidir posponer vivir tu presente en este lugar.

  • Memoria fresca

    Le pedí que me refrescara la memoria;  y me inundó de recuerdos…

  • Caballo atrapado

    No sabía cómo había ocurrido. El pobre caballo en uno de sus increíbles saltos había caído sin que se diera cuenta, en una esquina del tablero. El rey contrario que estaba cerca, vio su oportunidad y se le acercó cuidándose de sus coces. El caballo refunfuñaba: “No puede ser que esto me suceda a mi”.…

  • Ciudades perdidas 117 Las verdaderas ciudades perdidas

    Para los exploradores, las verdaderas ciudades perdidas son las ciudades modernas. Están completamente perdidas, y la única manera de salvarse es que se olviden, para volverse a encontrar.

  • Dos espejos se encontraron frente a frente

    Dos espejos se encontraron frente a frente y se perdieron en reflexiones cada vez más profundas.

  • Ya no querían seguir encasilladas

    Ya no querían seguir encasilladas, así que las piezas de ajedrez decidieron jugar en un tablero sin casillas.  Al principio se sintieron libres, aunque algo perdidas.  Trataron de crear nuevos movimientos y se divertían imitando a los otros.  Sin embargo, poco a poco volvieron a recorrer sus viejos caminos.  Los alfiles sus diagonales, las torres…

  • Vino un recuerdo

    Vino a mi mente un recuerdo. Es un buen recuerdo, tranquilo y feliz. Si usted lo reconoce y es suyo, puede pasar por él, pero ¡apúrese! porque me estoy encariñando con él y ya me lo quiero quedar.

  • Cambio sin retorno

    Mandaron a un peón como avanzada a explorar el terreno enemigo.  «¿Tardará mucho en regresar?», se preguntaban. Entonces cayeron en cuenta de que al pobre peón, por la propia naturaleza de su avance, le era imposible volver sobre sus pasos.  A pesar de todo, después de mucho tiempo sí volvió. Aunque regresó muy cambiado.