Categoría: Abra palabra mágica
-
Asombro temporal
Estaba asombrado. ¡La máquina del tiempo además lo hizo rejuvenecer!
-
Los signos del microcuento
Siguió la recomendación de quitar todas las palabras que sobraran. Después de eso el microcuento sólo consistía en comas, puntos y signos de interrogación.
-
Leer para creer
No podía creer lo que veían sus ojos. Así que cerró los ojos y se imaginó lo que acababa de leer.
-
La influencia de la Luna
La Luna ve las transformaciones y sonríe. Sabe que tiene el poder sobre la marea, pero lo de los hombres lobo solamente es fama y superstición. Eso sería obvio sí no la tomaran de pretexto y se decidieran de una vez a salir del clóset.
-
La fecha de mi muerte
Fui a consultar a la adivina y le pedí que predijera la fecha de mi muerte. Lo último que escuché fue «Ahora».
-
Tiempo transcurrido
La máquina del tiempo se detiene. Se escucha un mensaje grabado: «Tiempo transcurrido, para continuar favor de depositar tiempo en una moneda».
-
Escalera infinita
Intenta bajar por la escalera, pero nunca llega hasta abajo. Por más que baja un escalón tras otro, no logra alcanzar el final de esta interminable escalera. ¿Será un sueño?, se pregunta. Se detiene. Entonces se da cuenta de su confusión; está queriendo bajar por las escaleras eléctricas que suben.
-
Idea con la hoja en blanco
El escritor frente a la hoja en blanco decide no preocuparse, ni entrar en pánico; mejor tiene una idea: publicar las hojas en blanco. La obra es un éxito instantáneo entre los lectores con la mente en blanco.
-
La muerte de las ciudades
Hay ciudades que mueren lentamente, abandonadas por sus pobladores; poco a poco van llenándose de polvo y de olvido. Por otro lado están las ciudades que mueren velozmente por un golpe mortal que les da algún enorme monstruo mutante venido del mar. Éstas últimas son la envidia de las primeras, que quisieran una muerte rápida…
-
La supuesta seguridad del enroque
El rey se sentía seguro en su enroque. Protegido tras la fortificación de sus peones que, aunque pequeños, eran aguerridos; también por el caballo siempre dispuesto a saltar encima de cualquier enemigo, y además, por supuesto, por la confiable y fornida torre que le servía de guardaespaldas; bueno, de guarda…brazo porque la tenía a un…
